lunes, 10 de marzo de 2025

                                                    Una habitación propia 

 

Carolina Romero Jaramillo

 

Una mujer necesita una habitación propia y su propio dinero, decía Virgina Woolf, en su obra que lleva el mismo nombre con el que, parafraseando, he titulado este texto. Y es que la importante escritora británica a la hora de hablar de la novela y las mujeres, quiso abordar con profundidad la participación y cómo ha sido la posibilidad de creación de nosotras en la humanidad. Se adentra a planteamientos que terminan exponiendo la desigualdad entre hombres y mujeres, llevando a preguntas como: ¿Por qué los hombres escriben sobre las mujeres? ¿Por qué las mujeres no escriben sobre los hombres? ¿Por qué las mujeres somos tan pobres? ¿Por qué no hay mujeres genias en la literatura u otros campos del saber?

 

Desafortunadamente, esta obra sigue siendo vigente, no por la obra en sí misma, que ha sido reveladora y parte de los pilares de los movimientos feministas y derechos de las mujeres en el mundo, sino porque aún las brechas de género siguen siendo amplías, afianzadas en distintas apuestas de gobiernos excluyentes, sin el compromiso de atender estructuralmente ni generar una cultura que erradique las violencias basadas en género. Por ello, las cifras de feminicidios no se reducen, el desempleo aumenta, el amplio contraste en la ocupación de cargos directivos, la diferencia en la remuneración salarial, son aspectos que siguen dejando en desventaja a las mujeres que sólo vemos la posibilidad real de perder lo que hemos ganado, por ello la necesidad de seguir la lucha para mantener lo logrado sin perder de vista los desafíos que aún nos apremia. 

 

Las mujeres que estamos convencidas de las carencias, así como de lo conseguido y lo mucho que falta en defensa de nuestros derechos, que son los de la misma humanidad, debemos multiplicar los esfuerzos, voces, acciones, textos, miradas, bailes, marchas, artes, ciencias, tecnologías, políticas, la juntanza para evitar dar reversa. Hay pueblos que aún mancillan en todo su ser a las mujeres, donde lo logrado se perdió, como en Afganistán, en este país el régimen Talibán les prohibió educarse en colegios y universidades, no trabajar ni elegir su pareja, entre otras prohibiciones, ante los ojos impávidos del mundo. Por ellas, por nosotras en cada rincón del planeta es necesario no guardar silencio, no parar de manifestarse antes las vulneraciones, no dejar de gritar y reconocer ampliamente nuestros logros que ayer fueron invisibilizados y puede pasar mañana. 

 

Cada mujer que pueda tener una habitación propia, su propio dinero, pueda crear, dirigir, orientar, guiar, aprender, enseñar, mostrar, no podemos parar de hacerlo, hay que multiplicarlo dando la mano, facilitando a otras para que tenga ese espacio íntimo, que no es otra cosa que la autonomía de decidir sobre ellas mismas, de ser la mujer que quieran ser, con su propio dinero, para ser independientes; poderosas en el sentido de tener el poder de decidir por su bienestar, la vida que quiere llevar, sin permitir señalamientos que agravien su ser, su apuesta por la vida, porque siempre será en ello, por la vida, la paz, la justicia social, la igualdad desde el reconocimiento de la diversidad y diferencia. 





lunes, 3 de marzo de 2025

 

Salvarnos de nuestros monstruos

 

Carolina Romero Jaramillo

 

“El sueño de la razón, produce monstruos”, decía Goya, el importante pintor español, cuando vio la crudeza y horror de la guerra, así fuera en nombre de la libertad, tratando de dejar el yugo de la monarquía. Y es que hacer la guerra, tratando de desaparecer al contrario, silenciarlo, acabarlo, eliminarlo es una abominación en nombre de cualquier ideal. Por ello, para evitar esta atrocidad, siempre el camino es sostener la democracia, en la búsqueda de la justicia social, la equidad, el bienestar colectivo a través del reconocimiento de la diversidad, la diferencia que respeta los límites y da la libertad de ser sin pasar por encima de nadie, aspiraciones que aun con fallas, hasta con formas caóticas y las amenazas permanentes, son el mejor escenario que conocemos.

Y sí soñar la razón produce monstruos, donde el sueño es un deseo, ya el pensador Estanislao Zuleta nos decía que debemos saber desear, hay deseos que no conducen a buen puerto, no a un puerto que permita el bienestar colectivo. Pero, desear un mundo sin conflictos también es un error, está por fuera de la naturaleza humana. Por eso Zuleta afirma, que la ausencia de conflictos no es la paz, la paz es saber tramitar nuestras diferencias y contrariedades, nuestros conflictos. ¿Cómo saber desear? ¿Cómo llegar a saber tramitar nuestros conflictos sin la atrocidad de la guerra, de eliminar al contrario? Es una tarea de permanente búsqueda, sin descanso, pero a la vez maravillosa, llena de creatividad y posibilidades.

Y es que sí el sueño de la razón, produce monstruos, diría que el sueño de las artes como forma de vida, como parte de nuestra cotidianidad, que profundice nuestras miradas, que moldee nuestro pensamiento y sensibilidad, puede cambiar nuestra misma capacidad de soñar, llevarnos a deseos desde la complejidad de lo humano, puede ser el camino. Los lenguajes de las artes producen vida, pues si bien un poema, un cuadro, una escultura, una canción, un ritmo, no van a salvar al mundo, sin duda podrá salvar la vida de quienes hacen posible el mundo. Las y los artistas tan humanos como cada persona que se dedica a otro oficio o profesión, con otros talentos, también llenos de contradicciones, de pasiones que devoran y confunden, pero su arte inspira, da otras perspectivas, salidas, posibilidades de ser, de convenir en la diferencia. Siempre será mejor un pincel, que un arma de destrucción, una tiradera en el hip hop, que el de una ametralladora.

Tenemos que salvar la vida a costa de nuestros monstruos, a costa de nuestras diferencias, sobreponerse a la soberbia, al ego, ganarle a la mirada fascista de la vida facilitando las herramientas, abriendo las puertas, haciendo posible llenar de artes cada rincón de nuestras escuelas, universidades, bibliotecas, parques, centros comunitarios. Por ello los proyectos, presupuestos y orientaciones que hagan posible la formación, el diálogo comunitario, el encuentro desde las artes, deben ser de alto valor, de cuidado, ser protegido y posibilitado, es la tarea colectiva desatarlo, es lo que nos dará la posibilidad de desear, soñar mejor, de tramitar nuestros conflictos con colores, versos, texturas, ángulos, movimientos de tal manera que no lleguen monstruos sino el florecimiento de la vida en cada esquina.