Una habitación propia
Carolina Romero Jaramillo
Una mujer necesita una habitación propia y su propio dinero, decía Virgina Woolf, en su obra que lleva el mismo nombre con el que, parafraseando, he titulado este texto. Y es que la importante escritora británica a la hora de hablar de la novela y las mujeres, quiso abordar con profundidad la participación y cómo ha sido la posibilidad de creación de nosotras en la humanidad. Se adentra a planteamientos que terminan exponiendo la desigualdad entre hombres y mujeres, llevando a preguntas como: ¿Por qué los hombres escriben sobre las mujeres? ¿Por qué las mujeres no escriben sobre los hombres? ¿Por qué las mujeres somos tan pobres? ¿Por qué no hay mujeres genias en la literatura u otros campos del saber?
Desafortunadamente, esta obra sigue siendo vigente, no por la obra en sí misma, que ha sido reveladora y parte de los pilares de los movimientos feministas y derechos de las mujeres en el mundo, sino porque aún las brechas de género siguen siendo amplías, afianzadas en distintas apuestas de gobiernos excluyentes, sin el compromiso de atender estructuralmente ni generar una cultura que erradique las violencias basadas en género. Por ello, las cifras de feminicidios no se reducen, el desempleo aumenta, el amplio contraste en la ocupación de cargos directivos, la diferencia en la remuneración salarial, son aspectos que siguen dejando en desventaja a las mujeres que sólo vemos la posibilidad real de perder lo que hemos ganado, por ello la necesidad de seguir la lucha para mantener lo logrado sin perder de vista los desafíos que aún nos apremia.
Las mujeres que estamos convencidas de las carencias, así como de lo conseguido y lo mucho que falta en defensa de nuestros derechos, que son los de la misma humanidad, debemos multiplicar los esfuerzos, voces, acciones, textos, miradas, bailes, marchas, artes, ciencias, tecnologías, políticas, la juntanza para evitar dar reversa. Hay pueblos que aún mancillan en todo su ser a las mujeres, donde lo logrado se perdió, como en Afganistán, en este país el régimen Talibán les prohibió educarse en colegios y universidades, no trabajar ni elegir su pareja, entre otras prohibiciones, ante los ojos impávidos del mundo. Por ellas, por nosotras en cada rincón del planeta es necesario no guardar silencio, no parar de manifestarse antes las vulneraciones, no dejar de gritar y reconocer ampliamente nuestros logros que ayer fueron invisibilizados y puede pasar mañana.

